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La educación inclusiva requiere la búsqueda de una educación de calidad, capaz de equipar a todas y todos los estudiantes con una gama de competencias que les permita ser dueñas y dueños de sus propios destinos.
Los actuales avances en neurociencia brindan una comprensión sin precedentes de cómo funciona el cerebro humano, desde una visión dinámica y compleja, y esto tiene un alto impacto en cómo abordamos los desafíos de inclusión y atención a la diversidad en las escuelas.
“Laura es autista por lo que no va a poder participar de la celebración de aniversario del colegio. Hablemos con su mamá para que esos días no venga.” Desde una concepción tradicional, se entiende que un o una docente “hace inclusión” al tener en su aula un o una estudiante con discapacidad o con algún problema o trastorno del aprendizaje.
Continuando con una serie de publicaciones sobre el avance de la calidad y la educación inclusiva, con particular referencia a la experiencia latinoamericana, este nuevo artículo de David Towell y su colega, Marcia Rivas Coello, reflexiona sobre una importante iniciativa de UNICEF en Perú.
“¿Qué es la normalidad? Nada. ¿Quién es normal? Nadie. Aunque la diferencia hiere, y por eso nuestra primera reacción es negarla. ¿Cómo combatir la imposición de la distinción normalidad-anormalidad? Habitando en el interior de la diferencia, siendo íntimo con ella. (…) No negar la diferencia, sino modificar la imagen de la norma.”
Muchas veces nos encontramos con docentes sumamente entusiasmados con la idea de la educación inclusiva, quienes asisten a espacios de formación y capacitación con la intención de innovar y mejorar sus prácticas pedagógicas para atender a la diversidad.
No queremos “niños inclusivos”, lo que queremos son aulas inclusivas, escuelas inclusivas, prácticas inclusivas. Queremos una escuela sin etiquetas en la que los docentes NO necesiten usar el “inclusivo” como sustituto amigable para indicar que un niño o niña diferente ¿acaso no todas y todos somos diferentes?
Se sabe que el afecto y la emoción son fundamentales en el aprendizaje. Sabemos también que aprender de manera significativa implica salir de nuestra zona de confort y emprender un camino en el que habrá errores y equivocaciones, lo que puede ocasionarnos sentimientos de disconfort y frustración.