Aliados por la Inclusión

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Foto de docentes en taller

Rumbo a un año escolar 2026 inclusivo: Respuestas a tus dudas sobre el inicio de clases

Mientras las aulas de todo el Perú abren sus puertas este marzo, los preparativos están en su punto máximo. Estamos viendo pizarras decoradas con mensajes de bienvenida, la planificación de las unidades diagnósticas y, sobre todo, la expectativa de reencontrarnos con la maravillosa variabilidad de nuestro estudiantado. Este año, la conversación en las salas de profesores y en las redes sociales ha girado en torno a un tema central: ¿Cómo hacer que la inclusión no sea una carga administrativa, sino el motor de nuestra enseñanza? Aunque el panorama educativo sigue evolucionando, las barreras para el aprendizaje persisten, y con ellas, el estrés académico que afecta tanto a estudiantes como a docentes. En este artículo quiero responder a las consultas más frecuentes que han surgido en las capacitaciones y redes durante estos últimos meses. Recuerden: estas son orientaciones basadas en el marco del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), pero en educación siempre hay opciones. ¡Aquí vamos! P: Tengo varios estudiantes con necesidades específicas en mi aula este año. ¿Por dónde empiezo mi planificación sin colapsar? R: Primero, respira. La atención a la diversidad y el DUA no es un conjunto de «tareas extra» para estudiantes con discapacidad; es la forma en que diseñas para todos desde el principio. El punto de partida no es el diagnóstico del estudiante, sino la identificación de las barreras en tu propio diseño. En lugar de pensar en «adaptar» una ficha para un alumno, pregúntate: Estrategia para tus primeras semanas: Recuerda: Lo que es necesario para algunos, suele ser beneficioso para todos. P: Noto mucha ansiedad y estrés en mis estudiantes de secundaria tras el regreso a clases. ¿Puede el DUA ayudar con la salud mental? R: ¡Absolutamente! La investigación actual nos dice que el estrés académico impacta directamente en la capacidad de aprendizaje y la salud física. Los estudiantes con barreras de accesibilidad suelen experimentar niveles de estrés aún más altos que sus pares. Desde el DUA, podemos ser proactivos usando el Principio de Compromiso: Reducir el estrés académico no es «bajar el nivel», es eliminar obstáculos innecesarios para que el estudiante pueda enfocarse en el aprendizaje real. P: Como directivo, ¿cómo puedo lograr que el DUA sea algo sostenible en mi institución y no solo una moda de marzo? R: La sostenibilidad del DUA depende de que el sistema escolar lo respalde, no solo de la voluntad individual del docente. Para evitar el «agotamiento por iniciativas», el DUA debe integrarse en los documentos de gestión, como el Plan Anual de Trabajo (PAT) y el Proyecto Curricular de Institución (PCI). Sugerencias para el equipo directivo: Cierre La inclusión no es una meta que se alcanza de un día para otro; es como ir al gimnasio: cada pequeño ajuste que haces hoy para que un material sea más accesible o una instrucción más clara, te acerca a una educación genuinamente equitativa. «La inclusión no es traer a las personas a lo que ya existe; es hacer un nuevo espacio, un mejor espacio para todos» — George Dei. ¿Tienes alguna otra duda sobre cómo aplicar estos conceptos en tu realidad regional o local? Cuéntame en los comentarios o por nuestras redes sociales. ¡Hagamos que este 2026 sea el año donde todos nuestros estudiantes encuentren su camino al éxito!

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Transformar todo el sistema para lograr una educación inclusiva: lecciones de La Pampa, Argentina

Continuando con una serie de publicaciones sobre el avance de la calidad y la educación inclusiva, con particular referencia a la experiencia latinoamericana, este nuevo artículo de David Towell y su colega, Marcia Rivas Coello, reflexiona sobre una importante iniciativa de UNICEF en Perú.

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Transformar para incluir: ¿Qué podemos aprender de La Pampa, Argentina? 

Me gustaría comenzar invitándolos(as) a cerrar sus ojos e imaginar una escuela inclusiva: ¿Cómo luce?, ¿Cómo son sus estudiantes? y ¿Qué aprenden ahí?

Utilicé el verbo «imaginar», porque a pesar que nuestro país ha avanzado en términos de normativa sobre educación inclusiva y que como integrante de Aliados, sé que hay escuelas que están cambiando sus paradigmas sobre la atención a la diversidad, para muchos(as) de quienes leen esta publicación, puede que todavía se sienta lejana la idea de ver, participar o trabajar en una escuela inclusiva. Si bien existen experiencias con largas trayectorias alrededor del mundo que nos inspiran y nos dejan ver que la educación inclusiva es posible, a veces dichas realidades se sienten distantes a lo que vemos en el día a día en las escuelas.

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Diseñando para Todos: La accesibilidad como invitación a participar de verdad

Imagina que eres una capacitadora emocionada por una charla que has preparado meticulosamente. Pensaste en todo: dinámicas para mantener a tu público activo, gráficos para ilustrar tus ideas y videos para hacer la presentación más amena. Tu objetivo es claro: mantener a todos atentos y participativos, evitando el temido «aburrimiento». Incluso, tus colegas te felicitan por la planificación, convencidos de que será un éxito.

Llegado el día ingresas al lugar y, de repente, algo te detiene. Ves a una persona usuaria de silla de ruedas tratando de encontrar su camino. Nadie se ofrece a ayudarla. Te acercas, preguntas si puedes asistirla, y para tu sorpresa, ¡es una de las personas que participará de tu charla! Aunque te ofreces a guiarla, sientes una mezcla de incertidumbre sobre cómo hacerlo y una punzada de inquietud sobre lo inadecuado que podría ser tu taller para ella.

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A cheerful father and two children running through a blossoming park, enjoying springtime together.

Bienestar socioemocional para la educación inclusiva

Bienestar socioemocional para la educación inclusiva La educación inclusiva requiere la búsqueda de una educación de calidad, capaz de equipar a todas y todos los estudiantes con una gama de competencias que les permita ser dueñas y dueños de sus propios destinos. Sin embargo, esto no es posible cuando las y los estudiantes perciben “amenazas” (ya sean internas: pensamientos, recuerdos; o externas, dentro del aula: bullying, discriminación, vergüenza) que impiden que ciertos estudiantes puedan dirigir su energía y concentración a aprender. Esto es porque detrás de todas las tareas cognitivas están las emociones. Así lo ha demostrado la neurociencia “sin emoción, no hay aprendizaje”.  Las emociones son la llave que permite abrir la puerta al aprendizaje, por lo que, si estas “se agotan”, también lo hace la capacidad de aprender. Todas y todos los estudiantes pueden experimentar esta sobrecarga emocional que puede bloquear su capacidad para aprender. Recordemos que aprender es una tarea difícil, el camino del aprendizaje implica sensaciones y sentimientos que deben gestionarse durante el proceso de aprender como la sensación de no entender algo, de que la tarea es difícil y no podemos lograrla, o la sensación de fracaso después de múltiples intentos. Además, debemos considerar el impacto del trauma y el estrés en el aprendizaje. Las poblaciones en situación de vulnerabilidad que han experimentado situaciones de violencia o exclusión llegan a la escuela con cargas adicionales, y es más probable que usen comportamientos “intensos” como método para la comunicación emocional[1]. Tales comportamientos conllevan a que las y los estudiantes suelan ser castigados o desaprobados pero, en realidad, como docentes deberíamos considerarlos como búsqueda de ayuda y apoyo para lidiar con dichas emociones que les impiden aprender. Para evitar que estas emociones afecten la capacidad de aprender, es fundamental apoyar las emociones que favorecen para el aprendizaje mediante la consideración de cuatro puntos al diseñar nuestras clases:   Crear entornos de aprendizaje seguros y cómodos. Es clave hacer del aula un espacio donde emociones como la calma y la confianza puedan tener lugar. Es crucial que las y los estudiantes desarrollen un sentido de pertenencia con el grupo, lo que puede ser especialmente difícil para quienes se sienten “diferentes”. Es importante que se sientan reconocidos y valorados, pues solo cuando los seres humanos nos sentimos parte podemos bajar nuestras defensas emocionales y estar dispuestos al fracaso y al error que implica el aprender. Además de cuidar el tipo de relaciones entre las y los estudiantes, es fundamental que la disposición del espacio áulico permita contar con espacios para descansar, tomar una pausa, moverse y pedir ayuda.   Trabajar con material que sea percibido como relevante o auténtico por las y los estudiantes, que tome en cuenta ejemplos del mundo real, sus culturas e intereses. La motivación para aprender no se limita únicamente a captar el interés inicial en el momento de la clase o plantear actividades “divertidas”, sino que tenemos que diseñar un entorno que fomente el esfuerzo sostenido y la persistencia, y apoye la autorregulación de las y los estudiantes.  Esto lo podemos lograr trabajando explícitamente la mentalidad de crecimiento y promoviendo el trabajo colaborativo en grupos heterogéneos. Habilitar sistemas de apoyo para las y los estudiantes, tanto dentro como fuera del aula.  Permite que las y los estudiantes se sientan más seguros al momento de pedir ayuda, disponiendo formas de recibir apoyo dentro del aula como “tickets para pedir ayuda”, “pregúntale a tu compañero”, o la “zona del paso a paso”. También, provee sistemas para brindar apoyo fuera de la clase, como un horario o día de atención para conversaciones personales con tus estudiantes. De esta manera, se hace previsible qué hará el resto de la clase si uno de sus miembros está experimentando dificultades, y se minimiza las posibilidades de que quienes estén batallando con los desafíos desistan de la tarea. Además, crear sistemas de apoyo favorece la autonomía de las y los estudiantes al momento de aprender y que tomen mayor conciencia y control sobre su propio aprendizaje. Brindar espacios de desarrollo profesional a todas y todos los adultos que participan en el aprendizaje.  Las y los adultos que acompañamos a niños, niñas y adolescentes (seamos madres, padres o docentes) necesitamos fortalecer nuestras competencias socioemocionales, de manera que contemos con conocimientos acerca de cómo funcionan las emociones en el proceso de aprender, de cuál es el impacto del trauma en el cerebro que aprende, sobre estrategias y herramientas para la autorregulación emocional, también habilidades para gestionar nuestras propias emociones y para poder mediar la gestión de emociones del otro, así como actitudes de escucha y empatía para ponernos en el lugar de nuestros estudiantes. [1] Chardin, M., & Novak, K. (2021). Equity by design: Delivering on the power and promise of UDL. Corwin Entrada publicada originalmente en Educared. Bienestar socioemocional para la educación inclusiva

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